9.3.07

Explosión


Amuh volaba tranquilo a la Isla de la Felicidad. Y de repente todó se nubló. Amuh miró extrañado a su alrededor, no solia hacer mal tiempo alrededor de la Isla de la Felicidad. Sacó la lengua y probó un poco de la niebla que le rodeaba. En seguida tuvo que escupir. No era niebla...era ceniza. La Isla... su hogar, su refugio...era imposible. Aceleró su vuelo hasta que le empezaron a llorar los ojos. Nunca se supo si era por la velocidad.
Alli estaba. Los escombros de su hogar. Y alrededor de éste como sanguijuelas la flota de piratas. Comandada por la sanguinaria Palabreria, los marineros de "la Bomba" (pues ese era el nombre de la nave de la comandante) saltaban a la isla para poder pasar a cuchillo a los felicitanos, que huian despavoridos. Desde su elevada posición Amuh vió como niños y mujeres intentaban huir inutilmente mientras los jovenes (los adultos ya habian muerto) intentaban detener a las hordas enemigas. Era inutil. Amuh no podia soportarlo, no podia ver como morian, no podia aguantar estoicamente, no podia quedarse de brazos cruzados, no podia dejar arder su hogar...
Empezó a buscar. Al principió lentamente y luego, según una indomable determinación crecia en su interior como un rio desbordado, freneticamente. Al final la vió. Con el pelo al viento, subida en el puente, riendose, magnifica y terrible Palabreria. Amuh sonrió: "Ya eres mia" y se lanzó en picado, en acto suicida, como la gaviota que se lanzó contra el sol. Doscientos metros, cien metros, cincuenta metros, la tripulación empezo a mirar esa figura, esa centella que rasgaba el cielo. Y cuando Amuh estaba tres metros, cuando podia contar las pecas de la capitana, las cicatrices de su ropa, ver el brillo de pelo...Palabreria se giró. Amuh vió sus ojos. Incapaz de contenerlo gritó desgarradamente. Inevitablemente, un calor horrible le creció en el pecho. Incontenible, Amuh estalló. La última esperanza de la Isla de la Felicidad habia reventado.

-Capitana, ¿que hacemos con la Isla?
Palabreria miró los restos mortales que flotaban en el aire de la tarde.
-Destruirlo todo, violad a sus mujeres, destripad a sus hijos, cabalgad y quemar sus campos, bailad sobre sus cadaveres. Que no quede piedra sobre piedra.

Estallando en llamas,
Birlo

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